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Columna
Poza Rica, Ver. (Vanguardia de Veracruz).- Parece inaudito que una donación a favor del gobierno del estado, valuada según la vox populi en 300 millones de pesos, en 20 años no se haya podido concretar.
La historia es la siguiente: La secundaria particular “Salvador Díaz Mirón” fue fundada por cinco maestros en 1944. El 24 de mayo de 1949, el gobernador Ángel Carbajal Bernal colocó la primera piedra para la construcción del plantel, a cargo de Petróleos Mexicanos (propietario del predio), con la colaboración del sindicato petrolero, el patronato, los comerciantes, y aún los cantineros que donaban un peso por cada cartón de cerveza vendido. El flamante edificio estilo Art Decó, fue inaugurado por Antonio J. Bermúdez, director de Pemex, el 1 de abril de 1950.
El 9 de agosto de ese año el mismo funcionario autorizó la construcción de la Sección de Talleres. El 7 de febrero de 1953 iniciaron los cursos de la Preparatoria Poza Rica, ocupando estas mismas instalaciones en turno vespertino.
Para 1960, tres de los fundadores: Guillermo Galván, Edmundo Cárdenas e Ildefonso Vega, ya se habían retirado. Se presentaron algunas desavenencias y el promotor principal, Rafael Pérez López, y el otro fundador, Genaro Cruz Osorio, se separaron del colegio.
Se fundó la Asociación Civil de Maestros. En 1960, el CAPFCE respaldó la construcción de un edificio anexo de tres plantas. En tres turnos, la matrícula registraba 4,000 alumnos. La plantilla docente creció. En 1965 la escuela adquirió el formato legal de “Institución de Maestros de Segunda Enseñanza”. En 1972 se intentó organizar un sindicato de maestros.
El 7 de febrero de 1974, el alumnado se apoderó de las instalaciones para protestar por el incremento de las colegiaturas cuando ya se había iniciado el año lectivo. Ya la mística educativa de los fundadores se había diluido y el compromiso con la sociedad que apoyó a los fundadores estaba olvidado. Las instalaciones se descuidaron y el afán mercantilista prevaleció.
Los detractores criticaban ásperamente la ostentación en festejos diversos, lo que contrastaba con el recato de los colegios particulares Motolinía y Tepeyac (que en fechas importantes celebraban misas), construidos, también con apoyo de Pemex. Surgió un movimiento para federalizar la “Díaz Mirón”, pero no prosperó.
El 3 de marzo de 1976 se creó el “Colegio Salvador Díaz Mirón, Sociedad Civil”. En este caos entraban y salían directores, lo que repercutía en la merma del servicio educativo.
En otro orden de ideas, el 14 de diciembre de 1968, el presidente Díaz Ordaz había firmado el decreto mediante el cual se desincorporaban terrenos ubicados en Poza Rica y se autorizaba a Pemex a enajenarlos a título oneroso a los trabajadores, jubilados o particulares ocupantes o arrendatarios. Fue publicado en el DOF el 30 de enero de 1969.
En 1976, el director del plantel, Miguel Peralta, intentó acogerse a este precepto legal para regularizar el predio. El Ing. Zenteno, superintendente de Pemex en este distrito, mediante oficio informó al gobernador Hernández Ochoa que la sociedad civil está en la hipótesis prevista en el decreto para adquirir por compraventa dicho predio. Algunas voces protestaron pidiendo que se devolviera el colegio al pueblo, y se acató su exigencia negándole vigencia al estado de derecho.
Las discrepancias entre los directivos, los padres de familia, los estudiantes y algunas corrientes de opinión llevaron a la SEP a expedir un acuerdo (4 de septiembre de 1979), mediante el cual se retiró el reconocimiento a los estudios impartidos por la Secundaria “Salvador Díaz Mirón” (Clave EMS-3/2), que le habían otorgado el 25 de noviembre de 1953 y el 20 de septiembre de 1954.
En el expediente 205-5/130 (061)/1469, de la SEP, quedó consignado que la medida fue tomada en virtud de “irregularidades de algunos maestros al comercializar las calificaciones, porque el inmueble donde funciona el colegio no reúne las condiciones higiénicas y pedagógicas idóneas por falta de mantenimiento, por la modificación a los planes de estudio y la introducción de cambios en su organización interior sin aviso a la SEP”, y otras irregularidades.
Tuvo que intervenir el exalumno Óscar Torres Pancardo (secretario general del STPRM (1977-79), ante el secretario Fernando Solana, para que cancelara la drástica medida, formalizando el compromiso de subsanar cada una de las deficiencias y enmendar el rumbo. La imagen pública y la matrícula decrecieron.
El 21 de septiembre de 1979, la sociedad civil se transformó en “Asociación de Maestros y Trabajadores de Poza Rica, Ver., A.C.”.
Fue la intervención del Lic. Ignacio Morales Lechuga, secretario de gobierno (y exalumno del colegio), quien gestionó que el gobernador Acosta Lagunes (1980-86), autorizara que los trabajos de mantenimiento del edificio corrieran a cargo del gobierno del estado, en 1981-1982.
En todo este embrollo, Acosta Lagunes solicitó que los inmuebles a que se refiere el decreto de 1968 le sean enajenados a título gratuito, a fin de crear un fideicomiso, para que al enajenar estos bienes a título oneroso a quienes acrediten derechos posesorios (de preferencia a los actuales ocupantes), el producto sea destinado a la realización de obras públicas.
El 30 de enero de 1993 se renovó la sociedad de padres de familia, que asumió una actitud crítica, pero propositiva para enmendar los desatinos, lo que era fama pública. Comenzaron por turnar oficios al presidente Salinas, al gobernador Chirinos, al secretario de SEP y al director de Pemex, para informarles los antecedentes, las altas colegiaturas y la baja calidad educativa, entre otros puntos.
En 1995 se reiteró la petición al presidente Zedillo. Los padres se organizaron como “Patronato pro-recuperación del colegio Salvador Díaz Mirón”. Empecinados, sin rendirse.
En 1997, el gobernador Chirinos, que ya había hecho la solicitud de donación, aclaró mediante un oficio de fecha 10 de julio, que: la donación debe efectuarse a nombre del gobierno del estado para ser destinado a servicios educativos de la entidad.
En 1998, la contraparte cambió denominación: Asociación de Maestros y Trabajadores de la Escuela Secundaria y de Bachilleres Salvador Díaz Mirón de Poza Rica, Ver.
Hasta que el 3 de agosto de 1999, a título gratuito, Petróleos Mexicanos donó al gobierno del estado el predio de más de 13,000 metros cuadrados, ubicado en el centro histórico de la ciudad, de lo cual dio fe el Lic. Antonio Limón, Notario Público No. 12 de la ciudad de Xalapa, el 30 de noviembre de 2001. Según la Comisión de Avalúos de Bienes Nacionales, el 21 de mayo de ese año el predio tenía un valor de $ 32’607,000. Los edificios son asunto aparte.
El gobernador Alemán pretendió registrar ese documento en el catastro municipal de Poza Rica, por el que se debería cancelar la clave catastral a favor del colegio “Díaz Mirón”. Esta institución solicitó amparo y le fue concedido. Se dictó sentencia favorable el 28 de octubre de 2002. En tal virtud, el secretario de Educación, el 31 de marzo de 2001 solicitó al colegio que demostrara con documentos de propiedad, arrendamiento o comodato, el derecho a la ocupación del inmueble. (Se omitió la posesión pública, pacífica, continua y de buena fe durante más de 60 años).
La asociación de maestros se apoyó en los artículos 14 y 16 constitucionales, que establecen que nadie puede ser privado de sus posesiones sino mediante juicio seguido ante los tribunales previamente establecidos. El asunto está empantanado. La última alternativa es la mesa de diálogo entre las partes.
Dejo aquí esta anécdota, al parecer, pertinente: A un tipo le robaron su bicicleta. Meses después le chismearon que la habían localizado y que el ladrón se andaba dando vuelo con ella. Contestó impertérrito: ¡Y qué, la factura la tengo yo!
Por Leonardo Zaleta
Cronista de Poza Rica
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MERECIDO RECONOCIMIENTO
Xalapa, Ver.- (Vanguardia de Veracruz).- Tengo veinte años trabajando en el palacio de gobierno y nunca vi, ni supe que un gobernador en su mandato le haya dado un mantenimiento formal y adecuado.
Siempre que se acercaban las fiestas Patrias el Palacio se pintaba con los colores que a cada gobernante se le ocurría y me atrevo a decir, salvo que alguien me desmienta, que esta es la primeva vez en toda su historia que se le da mantenimiento preventivo, correctivo y predictivo, es decir integral en todas sus formas y aspectos hasta en sus mínimos detalles.
Y hago este comentario porque me resisto a pertenecer a aquellos “Que son muy buenos para ver lo malo, pero muy malos para ver lo bueno”.
La gobernadora de Veracruz como todos los seres humanos puede tener errores, pero también aciertos y muy atinados, y no pretendo hacer ninguna defensa, ella no necesita defensa, sencillamente trato de darle el lugar que en algunas cosas a pulso se ha ganado.
Efectivamente, hay unas áreas en palacio de gobierno que durante muchos años se encontraron en total abandono y una de ellas es la Sala Carranza, en situación similar se encuentra el área de Recursos Humanos y oficinas adjuntas, donde las grietas, el polvo y la ruptura de lámparas son el pan de cada día; ¿Hay que esperar?, esperar que el techo se derrumbe y se presente una tragedia?… o será que se pueda tapar el pozo antes de que el niño se ahogue?
A veces nuestras tendencias políticas o maneras de pensar nos hacen expresar juicios con mucha crudeza, pero… ¿Qué sucedería si esas voces que censuran con Tanta enjundia, tuvieran un familiar cercano laborando en palacio y llegare a pasar una desgracia por la falta de mantenimiento, como Dios no lo quiera pudiera suceder?
La gobernadora, amén de la remodelación y mantenimiento de varios edificios, ha impulsado proyectos prioritarios en infraestructura vial, educativa, administrativa y edificios públicos entre otros; y por estas razones comparto la justa y merecida iniciativa de mis compañeros, para que uno de estos espacios rehabilitados lleve el nombre de nuestra gobernadora; el nombre de quien con estas medidas preventivas tal vez esté evitando una desgracia; Que lleve el nombre de quien se esmera por darle brillantez al edificio público más importante del estado, el mismo que durante muchas décadas, se halló en el descuido, en la dejadez y el abandono.
Rafael Martínez Zaleta
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Ordenar para invertir: Rocío Nahle
Ordenar para invertir: Rocío Nahle
En la administración pública, pocas decisiones son tan visibles como la compra de activos, pero pocas son tan determinantes como la depuración de lo que ya no sirve.
No es minúsculo el reto que se ha planteado la gobernadora Rocío Nahle García, porque no es solo una política de ajuste, sino en sostenerla en el tiempo.
El proyecto lo tiene claro: ordenar el presente es, en el fondo, una forma de financiar el futuro.
“Llegamos a ordenar” y “orden, orden, orden”, han sido las frases más enunciadas de la primera mujer gobernadora.
Y en #Veracruz, ambas rutas están ocurriendo al mismo tiempo y revelan una lógica de gobierno que va más allá de la simple adquisición: una reestructura basada en eficiencia y disciplina financiera.
Por ello, mientras Rocío Nahle incorpora helicópteros, ambulancias, pipas y equipo especializado para atender emergencias, seguridad y servicios públicos, también reconoce un problema estructural acumulado durante años: miles de vehículos inservibles, abandonados o convertidos en chatarra que, lejos de representar patrimonio, generan gasto constante.
La normativa obliga a mantener aseguradas estas unidades y cubrir obligaciones fiscales como la tenencia, aun cuando no estén en operación. Es decir, el gobierno paga por activos que no sirven.
Y es ahí donde la disciplina financiera deja de ser discurso y se convierte en acción: identificar el problema, cuantificarlo y tomar decisiones para eliminar esa carga.
La ruta elegida —dar de baja estos bienes con autorización del Congreso y llevarlos a subasta— no sólo limpia inventarios, también libera recursos. Es una medida que, en términos administrativos, implica pasar de un modelo de acumulación pasiva a uno de gestión activa del patrimonio público.
Hoy en #Veracruz se puede observar una lógica, que gobernar también es ordenar lo que nadie quiso atender.
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El rescate que incomoda: deuda, poder y memoria corta
El rescate que incomoda: deuda, poder y memoria corta
Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“Quien nada arriesga, nada tiene derecho a esperar”. – Friedrich von Schiller.
En #Veracruz, la historia financiera reciente no se explica sin un capítulo que todavía duele: la bursatilización de las participaciones federales municipales. Un mecanismo vendido como solución inmediata, pero que terminó convirtiéndose en una camisa de fuerza para 199 ayuntamientos. Hoy, ese pasado regresa al centro del debate, no por nostalgia, sino por la decisión de la gobernadora Rocío Nahle García de desmontar —de una vez por todas— uno de los engranajes más perversos de la ingeniería financiera estatal.
Conviene recordar el origen. Bajo el gobierno de Fidel Herrera Beltrán y operado con precisión quirúrgica durante la administración de Javier Duarte de Ochoa, el esquema de bursatilización ofreció a los municipios liquidez inmediata a cambio de comprometer ingresos futuros. Era, en términos simples, hipotecar el mañana para sobrevivir el presente. El problema no fue solo el instrumento financiero, sino el contexto: opacidad, tasas elevadas y una cadena de intermediarios que hicieron de la deuda un negocio redondo.
Los resultados están a la vista: ayuntamientos que, en muchos casos, ya pagaron dos veces el valor original del crédito y siguen atrapados en una espiral que limita su capacidad de inversión. Calles sin pavimentar, servicios deficientes y presupuestos atados a decisiones tomadas hace más de una década. Esa es la herencia real de la “ingeniería financiera” que hoy algunos pretenden olvidar.
Ahí es donde entra la actual administración estatal. Lo que está en marcha no es una ocurrencia ni un acto de voluntarismo político: es una estrategia integral de saneamiento. Desde el inicio de su gestión, Nahle García apostó por una premisa elemental pero poco practicada: no gastar más de lo que se tiene. Bajo ese principio se han implementado medidas que, aunque poco espectaculares, resultan estructurales: depuración de nómina, eliminación de “aviadores”, disciplina presupuestal, revisión de pasivos y renegociación de intereses.
Pero el punto de quiebre está en el siguiente paso: intervenir en el esquema de bursatilización municipal. La propuesta —tan técnica como políticamente disruptiva— consiste en que el gobierno estatal adquiera la deuda que hoy está en manos de tenedores privados, para reestructurarla bajo condiciones más favorables y liberar a los municipios de esa carga asfixiante.
No es menor. Significa arrebatarle a los mercados financieros un negocio de largo plazo y devolver margen de maniobra a los ayuntamientos. Significa, también, que el Estado asuma un rol activo donde antes predominaba la lógica de la intermediación privada.
La reacción de la oposición era previsible. PAN y PRI cuestionan costos, sospechan intenciones y lanzan preguntas que, en el fondo, evitan una más incómoda: ¿quién creó el problema? Porque el debate no puede aislarse del origen. Fueron justamente esos grupos políticos los que, en su momento, avalaron o diseñaron los mecanismos que hoy mantienen atados a los municipios.
El argumento de que “le costará caro al Estado” merece matices. ¿Más caro que seguir transfiriendo recursos durante años a esquemas financieros que ya se han cobrado varias veces? ¿Más oneroso que perpetuar la dependencia de los municipios frente a contratos que no controlan? El costo real no está solo en pesos, sino en oportunidades perdidas.
Por supuesto, no hay soluciones mágicas. El rescate implica riesgos, exige transparencia y demanda una ejecución impecable. Pero también abre una posibilidad inédita: que los municipios recuperen capacidad de inversión, que el dinero público deje de alimentar inercias financieras y que la deuda deje de ser un instrumento de control político y económico.
Lo que realmente está en juego no es solo un esquema financiero, sino una forma de entender el poder. Durante años, la deuda fue utilizada como palanca de sometimiento: quien controla el flujo, controla la decisión. Desmontar ese modelo implica redistribuir poder hacia lo local, hacia los ayuntamientos, hacia la obra pública tangible.
Por eso incomoda. Porque rompe inercias. Porque exhibe excesos pasados. Y porque demuestra que, con orden y voluntad política, incluso los problemas más enraizados pueden enfrentarse.
La pregunta de fondo no es cuánto cuesta rescatar a los municipios. La pregunta es cuánto le ha costado a Veracruz no hacerlo antes.
Al tiempo.
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
Rocío Nahle anuncia plan para liquidar deuda de bursatilización en municipios de Veracruz
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