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COLUMNA || ANÉCDOTAS DEL IMPERIO
Poza Rica, Ver. (Vanguardia de Veracruz).- Aficionado a los rasgos de buen humor, debo admitir que hay que darle a la historia el ingrediente de la amenidad. Entrego tres perlas de muestra.
LA EMPERATRIZ CARLOTA
Carlota Amalia, desde su adolescencia acostumbró suplir a su madre fallecida, y acompañar a su padre, el rey Leopoldo de Bélgica a los Consejos de Ministros, donde despertaban su interés los asuntos de gobierno. Por tal motivo, al contraer nupcias con el príncipe Fernando Maximiliano, archiduque de Austria, pronto advirtió su ineptitud o desdén en estos menesteres. Decidió, entonces, asumir un papel más protagónico, menos decorativo.
A raíz de la venganza y triunfo en el sitio de Puebla, el ejército francés ocupó la ciudad de México. El general Forey instaló un comité de notables que se declaró Asamblea Constituyente y proclamó la monarquía el 19 de julio de 1863. El día 12 se elaboró la carta dirigida a Maximiliano para seducirlo en la aventura.
Una delegación de perjuros fue al castillo de Miramar a ofrecer la corona al príncipe. Fue recibida en octubre de 1863 y la integraron: José María Gutiérrez de Estrada, José Hidalgo y el padre Miranda. El día 3 de octubre el archiduque aceptó el honor con la condición de que la solicitud fuera ratificada mediante el voto de asamblea en un plebiscito popular.
El presidente Juárez protestó por tan atropelladas acciones y declaró fuera de la ley a los traidores que en ellas intervinieron.
Seis meses después, la delegación regresó a Miramar. El general Aquiles Bazaine había elaborado el documento donde se adoptaba la monarquía constitucional hereditaria con un príncipe católico que tomará el nombre de Emperador de México. Se establecía que si Maximiliano de Habsburgo rechazaba la corona le fuera ofrecida a Napoleón III, emperador de los franceses, para sí, o para quien tuviera a bien designar. Mayor abyección no cabía. Traidores mendingando el trono de México en Europa.
Curiosamente, Luciano Bonaparte, hermano de Napoleón, se casó con Hortensia, hija de Josefina Tascher de la Pagerie, y el vizconde Alejandro de Beauharnais. Al enviudar se casó con Napoleón, mayor que él, y con quien no tuvo descendencia. El nieto de la hermosa mujer nacida en la isla Martinica pasó a la historia como Napoleón III, al que el colosal poeta Víctor Hugo llamó “El Pequeño”.
El 10 de octubre de 1864, en Miramar, el comisionado José María Gutiérrez de Estrada leyó en francés un largo discurso con su ignominiosa rogativa. El príncipe contestó en español aceptando la oferta, prometiendo el bienestar y prosperidad de la nación. Terminada la ceremonia refrendó una convención con el emperador de los franceses ratificando las condiciones conforme a las cuales aceptaba la corona.
Con base en ese papeleo a todas luces fraudulento, el 10 de abril de 1864, el candoroso Maximiliano aceptó la corona formalmente.
Causó extrañeza que esta ocasión solemne y fastuosa, de tanta trascendencia y relevancia histórica, Maximiliano se haya retirado a sus habitaciones profundamente preocupado, dubitativo y pesaroso, agobiado por el peso de la gran responsabilidad que había adquirido, lo cual no dejó de ser un desaire para sus invitados, y su excusa una falacia. Se vio obligado a renunciar a todos los derechos sucesorios de la Corte de Austria.
Para subsanar esta grave desatención, Carlota Amalia presidió en su lugar el banquete que les fue ofrecido esa noche a los “delegados y dignatarios” y lo hizo con elegancia y desenvolvimiento.
BLANCOS Y BARBADOS
Ya Maximiliano había sido instalado como emperador por las armas del ejército francés; tenía sumo cuidado del protocolo de la Corte, de la selección de sus embajadores en Europa, disfrutaba un salario de un millón y medio de pesos anuales (en aquel tiempo), vacacionaba en el palacio de hierro que mandó traer de Europa y trasplantó en Orizaba por su clima benigno, y en Cuernavaca donde una hermosa mozuela lo tenía obnubilado.
Como dato curioso, cabe apuntar que en su recorrido para combatir las guerrillas que pululaban por todo el territorio nacional, los militares franceses, austriacos, belgas y demás, tuvieron oportunidad de conocer la leyenda de Quetzalcóatl.
Escucharon que hacia el año 873 se estableció en Tula un hombre blanco y barbado que encabezó una época de prosperidad y sabiduría. Era muy religioso y se sometía a duras penitencias. La diversidad de raza, el desequilibrio económico y el avance de los partidarios de Tezcatlipoca propiciaron la diáspora y la decadencia del pueblo tolteca, hasta que decidió emigrar acompañado de una cauda de discípulos. Al llegar a Coatzacoalcos, en el Golfo de México, mandó construir una barca de serpientes la que solemnemente abordó, no sin antes dejar la promesa de que regresaría a reinar, y se perdió para siempre.
Esta leyenda formó parte del imaginario colectivo y se transmitió de generación en generación durante centurias. Cuando Hernán Cortés, blanco y barbado, llegó a profanar las tierras del Anáhuac, las diversas tribus lo confundieron creyendo que Quetzalcóatl había regresado como estaba prometido. Psicológicamente, este equívoco constituyó un punto de ventaja de los españoles para consumar la conquista. Ninguna de las virtudes de aquel tenía el usurpador castellano.
Un decreto militar belga de febrero de 1865 ordenó a todos los soldados (incluyendo austriacos), que se dejaran crecer la barba a ver si el matorral cubriéndoles el mentón les daba apariencia de divinidad, y les facilitaba la victoria. El pueblo dice bien: en la guerra y en el amor todo se vale.
UNA PRINCESA DESLUMBRANTE
En Querétaro, después que Maximiliano entregó su sable al general Ramón Corona en el convento de la Cruz, se hicieron algunos intentos por entrevistarse con el ilustre prisionero, para rescatarlo, incluso se planeó una fuga que se frustró.
El 19 de mayo de 1867, la hermosa princesa Ángeles Leclerc, esposa de Félix Salm y Salm, ayudante de campo del emperador, llegó a Querétaro. Era una francesa de gran temple y belleza; en su juventud había sido estrella ecuestre en los Estados Unidos. Se entrevistó con el general Escobedo y consiguió autorización para visitar a su esposo y a Maximiliano.
La princesa Salm trataba infructuosamente de persuadir a Maximiliano para que la dejara interceder a fin de procurar facilitarle la huida, hasta que logró su consentimiento, siempre y cuando los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía también se favorecieran.
Maquinando con audacia, la deslumbrante rubia invitó a un reducido grupo de oficiales a su casa, donde con zalamerías atrajo al coronel Palacios hasta su alcoba y le propuso que facilitara la fuga de los prisioneros a cambio de una gratificación de 100,000 pesos. Como viera al coronel republicano dubitativo le preguntó: “¿No le gusta a usted esa suma?, entonces, coronel, aquí estoy yo”. Y con exquisita sensualidad comenzó a desnudarse y se tendió en la cama.
El coronel Palacios turbado y contrariado exigió a la princesa que le abriera la puerta del dormitorio que había cerrado con llave, o en caso contrario –la amenazó-, saltaría por la ventana. Haciendo acopio de firmeza y tratando de serenarse, tomó su kepi y salió despavorido. Sudoroso, logró salvar su honor de soldado leal e incorruptible.
Se fue raudo al cuartel a dar el parte de novedades a don Mariano Escobedo. La despampanante rubia fue obligada a abandonar la ciudad. Era un peligro para la república.
Insistente, tenaz, la provocativa dama se entrevistó con el presidente Juárez en San Luis Potosí (acompañada de la señora Josefina Fernández de Ubiarco viuda de Jequer, el célebre banquero agiotista francés). “No soy yo quien le quita la vida, son la ley y el pueblo que piden su muerte; si yo no hiciese la voluntad del pueblo, entonces, éste le quitaría la vida a él y aun pediría la mía también”. Le dijo categórico el zapoteca. La hermosísima rubia, -ofendida, decepcionada y frustrada- dijo adiós sin haber logrado sus aviesas intenciones.
Por Leonardo Zaleta
Cronista de Poza Rica
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MERECIDO RECONOCIMIENTO
Xalapa, Ver.- (Vanguardia de Veracruz).- Tengo veinte años trabajando en el palacio de gobierno y nunca vi, ni supe que un gobernador en su mandato le haya dado un mantenimiento formal y adecuado.
Siempre que se acercaban las fiestas Patrias el Palacio se pintaba con los colores que a cada gobernante se le ocurría y me atrevo a decir, salvo que alguien me desmienta, que esta es la primeva vez en toda su historia que se le da mantenimiento preventivo, correctivo y predictivo, es decir integral en todas sus formas y aspectos hasta en sus mínimos detalles.
Y hago este comentario porque me resisto a pertenecer a aquellos “Que son muy buenos para ver lo malo, pero muy malos para ver lo bueno”.
La gobernadora de Veracruz como todos los seres humanos puede tener errores, pero también aciertos y muy atinados, y no pretendo hacer ninguna defensa, ella no necesita defensa, sencillamente trato de darle el lugar que en algunas cosas a pulso se ha ganado.
Efectivamente, hay unas áreas en palacio de gobierno que durante muchos años se encontraron en total abandono y una de ellas es la Sala Carranza, en situación similar se encuentra el área de Recursos Humanos y oficinas adjuntas, donde las grietas, el polvo y la ruptura de lámparas son el pan de cada día; ¿Hay que esperar?, esperar que el techo se derrumbe y se presente una tragedia?… o será que se pueda tapar el pozo antes de que el niño se ahogue?
A veces nuestras tendencias políticas o maneras de pensar nos hacen expresar juicios con mucha crudeza, pero… ¿Qué sucedería si esas voces que censuran con Tanta enjundia, tuvieran un familiar cercano laborando en palacio y llegare a pasar una desgracia por la falta de mantenimiento, como Dios no lo quiera pudiera suceder?
La gobernadora, amén de la remodelación y mantenimiento de varios edificios, ha impulsado proyectos prioritarios en infraestructura vial, educativa, administrativa y edificios públicos entre otros; y por estas razones comparto la justa y merecida iniciativa de mis compañeros, para que uno de estos espacios rehabilitados lleve el nombre de nuestra gobernadora; el nombre de quien con estas medidas preventivas tal vez esté evitando una desgracia; Que lleve el nombre de quien se esmera por darle brillantez al edificio público más importante del estado, el mismo que durante muchas décadas, se halló en el descuido, en la dejadez y el abandono.
Rafael Martínez Zaleta
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Ordenar para invertir: Rocío Nahle
Ordenar para invertir: Rocío Nahle
En la administración pública, pocas decisiones son tan visibles como la compra de activos, pero pocas son tan determinantes como la depuración de lo que ya no sirve.
No es minúsculo el reto que se ha planteado la gobernadora Rocío Nahle García, porque no es solo una política de ajuste, sino en sostenerla en el tiempo.
El proyecto lo tiene claro: ordenar el presente es, en el fondo, una forma de financiar el futuro.
“Llegamos a ordenar” y “orden, orden, orden”, han sido las frases más enunciadas de la primera mujer gobernadora.
Y en #Veracruz, ambas rutas están ocurriendo al mismo tiempo y revelan una lógica de gobierno que va más allá de la simple adquisición: una reestructura basada en eficiencia y disciplina financiera.
Por ello, mientras Rocío Nahle incorpora helicópteros, ambulancias, pipas y equipo especializado para atender emergencias, seguridad y servicios públicos, también reconoce un problema estructural acumulado durante años: miles de vehículos inservibles, abandonados o convertidos en chatarra que, lejos de representar patrimonio, generan gasto constante.
La normativa obliga a mantener aseguradas estas unidades y cubrir obligaciones fiscales como la tenencia, aun cuando no estén en operación. Es decir, el gobierno paga por activos que no sirven.
Y es ahí donde la disciplina financiera deja de ser discurso y se convierte en acción: identificar el problema, cuantificarlo y tomar decisiones para eliminar esa carga.
La ruta elegida —dar de baja estos bienes con autorización del Congreso y llevarlos a subasta— no sólo limpia inventarios, también libera recursos. Es una medida que, en términos administrativos, implica pasar de un modelo de acumulación pasiva a uno de gestión activa del patrimonio público.
Hoy en #Veracruz se puede observar una lógica, que gobernar también es ordenar lo que nadie quiso atender.
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El rescate que incomoda: deuda, poder y memoria corta
El rescate que incomoda: deuda, poder y memoria corta
Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“Quien nada arriesga, nada tiene derecho a esperar”. – Friedrich von Schiller.
En #Veracruz, la historia financiera reciente no se explica sin un capítulo que todavía duele: la bursatilización de las participaciones federales municipales. Un mecanismo vendido como solución inmediata, pero que terminó convirtiéndose en una camisa de fuerza para 199 ayuntamientos. Hoy, ese pasado regresa al centro del debate, no por nostalgia, sino por la decisión de la gobernadora Rocío Nahle García de desmontar —de una vez por todas— uno de los engranajes más perversos de la ingeniería financiera estatal.
Conviene recordar el origen. Bajo el gobierno de Fidel Herrera Beltrán y operado con precisión quirúrgica durante la administración de Javier Duarte de Ochoa, el esquema de bursatilización ofreció a los municipios liquidez inmediata a cambio de comprometer ingresos futuros. Era, en términos simples, hipotecar el mañana para sobrevivir el presente. El problema no fue solo el instrumento financiero, sino el contexto: opacidad, tasas elevadas y una cadena de intermediarios que hicieron de la deuda un negocio redondo.
Los resultados están a la vista: ayuntamientos que, en muchos casos, ya pagaron dos veces el valor original del crédito y siguen atrapados en una espiral que limita su capacidad de inversión. Calles sin pavimentar, servicios deficientes y presupuestos atados a decisiones tomadas hace más de una década. Esa es la herencia real de la “ingeniería financiera” que hoy algunos pretenden olvidar.
Ahí es donde entra la actual administración estatal. Lo que está en marcha no es una ocurrencia ni un acto de voluntarismo político: es una estrategia integral de saneamiento. Desde el inicio de su gestión, Nahle García apostó por una premisa elemental pero poco practicada: no gastar más de lo que se tiene. Bajo ese principio se han implementado medidas que, aunque poco espectaculares, resultan estructurales: depuración de nómina, eliminación de “aviadores”, disciplina presupuestal, revisión de pasivos y renegociación de intereses.
Pero el punto de quiebre está en el siguiente paso: intervenir en el esquema de bursatilización municipal. La propuesta —tan técnica como políticamente disruptiva— consiste en que el gobierno estatal adquiera la deuda que hoy está en manos de tenedores privados, para reestructurarla bajo condiciones más favorables y liberar a los municipios de esa carga asfixiante.
No es menor. Significa arrebatarle a los mercados financieros un negocio de largo plazo y devolver margen de maniobra a los ayuntamientos. Significa, también, que el Estado asuma un rol activo donde antes predominaba la lógica de la intermediación privada.
La reacción de la oposición era previsible. PAN y PRI cuestionan costos, sospechan intenciones y lanzan preguntas que, en el fondo, evitan una más incómoda: ¿quién creó el problema? Porque el debate no puede aislarse del origen. Fueron justamente esos grupos políticos los que, en su momento, avalaron o diseñaron los mecanismos que hoy mantienen atados a los municipios.
El argumento de que “le costará caro al Estado” merece matices. ¿Más caro que seguir transfiriendo recursos durante años a esquemas financieros que ya se han cobrado varias veces? ¿Más oneroso que perpetuar la dependencia de los municipios frente a contratos que no controlan? El costo real no está solo en pesos, sino en oportunidades perdidas.
Por supuesto, no hay soluciones mágicas. El rescate implica riesgos, exige transparencia y demanda una ejecución impecable. Pero también abre una posibilidad inédita: que los municipios recuperen capacidad de inversión, que el dinero público deje de alimentar inercias financieras y que la deuda deje de ser un instrumento de control político y económico.
Lo que realmente está en juego no es solo un esquema financiero, sino una forma de entender el poder. Durante años, la deuda fue utilizada como palanca de sometimiento: quien controla el flujo, controla la decisión. Desmontar ese modelo implica redistribuir poder hacia lo local, hacia los ayuntamientos, hacia la obra pública tangible.
Por eso incomoda. Porque rompe inercias. Porque exhibe excesos pasados. Y porque demuestra que, con orden y voluntad política, incluso los problemas más enraizados pueden enfrentarse.
La pregunta de fondo no es cuánto cuesta rescatar a los municipios. La pregunta es cuánto le ha costado a Veracruz no hacerlo antes.
Al tiempo.
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
Rocío Nahle anuncia plan para liquidar deuda de bursatilización en municipios de Veracruz
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