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El río Cazones que se hizo viejo: Leonardo Zaleta

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Poza Rica, Ver. (Vanguardia de Veracruz).-El río Cazones, en cuya margen derecha se acomoda Poza Rica, tiene su formación  en un lecho llamado Los Reyes, se transforma en  arroyo  Chaltecontla a corta distancia de Tulancingo, Hidalgo. Al atravesar el estado de Puebla se incorporan algunos arroyos afluentes como Naupan, Tlaxcalantongo y Chicualoque, donde adquiere el nombre de río San Marcos. Más adelante se convierte en río Cazones al tocar los municipios veracruzanos de Tihuatlán, Coatzintla, Poza Rica, Papantla y Cazones en cuya Barra besa la orilla del mar.

A mediados de los años 50 su enorme caudal era atravesado por tres chalanes: uno donde hoy está el puente de fierro, otro en el kilómetro 52 y otro en el kilómetro 47. Llovía siete meses del año. Tiempos en que de niños jugábamos a mojarnos la cara con la lluvia.

La contaminación y el bajo nivel del río (70 centímetros de profundidad), son irreversibles. La sequía severa y las altas temperaturas en que estamos inmersos nos agobian. La temporada de lluvias abarca del 1 de junio al 30 de noviembre; aguas abundantes y enfurecidas que más parecen bendición que calamidad. Los huracanes inundan Poza Rica y  el pésimo drenaje hace que después de una secuela desastrosa de epidemias y muertes, el agua se vaya arrasando todo a su paso,  y el problema subsista.

Para paliar la crisis hídrica de los 250,000 habitantes desparramados en 120 colonias, la Comisión del Agua del Estado de Veracruz, ha dispuesto enviarla a las “tomas domiciliarias” mediante tandeo, entre las once y doce de la noche dos veces por semana. En otras colonias llega miércoles y sábados por la mañana. En el estío, cuando el sol golpea con temperaturas de 40 y 45 grados centígrados el problema del desabasto se agudiza. La población sufre golpes de calor, insolación, deshidratación, sequía, lenguas de fuego.

No es remoto que el tandeo se reduzca a una vez por semana, ¿Y después? La historia nos enseña que el clima social de encono se va incubando paulatinamente, y no es para menos, tratándose de un servicio vital que el usuario paga, aun cuando le llegue a cuentagotas. Actualmente una pipa con 10,000 M3 de agua cuesta $500.oo, pero el costo paulatinamente se va incrementando. Gasto adicional en la economía hogareña.

Se afirma que este problema tiene un aspecto deplorable: el cuantioso desperdicio del agua, recurso no renovable y cada día más caro,  por fugas en la red de distribución y la falta de mantenimiento por parte de la CAEV.

Los administradores del servicio conocen este déficit pero no lo solucionan para poder cobrar una cuota “voluntaria” cada vez que los vecinos reclaman, y presionados por la urgencia obsequian el soborno.

Se calcula que en la ciudad hay más de 3,000 fugas. Es decir, la mitad del agua que llega se desperdicia. Es un barril sin fondo. Menudean las quejas por los recibos alterados o no entregados a tiempo: los trabajadores de campo recurren a otras mañas.

Una arista importante es que los vecinos a los que no les llega el agua dejan de pagarla, y a la fecha el adeudo es del orden de los 700 millones de pesos. Entre los deudores sobresalen los vecinos de las zonas marginadas.

Poza Rica es atravesado por los arroyos: del Maíz, Mollejón, Huélque (por razones higiénicas, ecológicas y urbanísticas debe entubarse), y Salsipuedes, solo que estas veredas acuosas son portadoras de inmundicias. Muchos lugareños optan por un pozo artesiano para la explotación de acuíferos subterráneos.

Sin embargo, es imprescindible renovar la red de agua potable y alcantarillado que funciona hace más de medio siglo, así como corregir el desazolve del cárcamo de captación, los tanques tranquilizadores, la planta potabilizadora, los pulsadores, las compresoras, o las instalaciones de cloro y sulfato.

Se afirma que Pemex proporcionaba agua a través de la planta T-Z. Ojalá pudiera renovarse, así se aliviaría este pasivo parcialmente.

Traer agua del río Tecolutla es una inversión cuantiosa que provocará otros problemas, si a esta medida se adhieren los municipios vecinos que padecen la misma sequía. En los poblados de la región sufren por igual, agricultores, transportistas, pescadores, empresarios hoteleros, restauranteros, ganaderos,  escuelas, etc. Existe la amenaza inminente de que el río Tecolutla va a surtir de agua a la CDMX. El sistema Cutzamala está atrapado por huachicoleros.

La debacle ambiental se complica por la alteración del ciclo del agua, el calentamiento global, la tala inmoderada que produce erosión, el deshielo que aumenta el nivel de los océanos y el ecosistema que mantiene el equilibrio del planeta. Las perturbaciones naturales van a persistir ya que la temperatura sigue subiendo.

El río Cazones se está muriendo sobre la tierra endurecida. La construcción de una presa de almacenamiento río arriba o generadora de energía hidroeléctrica  es una inversión millonaria que parece viable.

En todo este maremágnum, se han escuchado versiones en el sentido de que se están sustrayendo grandes volúmenes de agua ilícitamente, mermando el caudal acuático que a partir de La Ceiba y San Diego se reduce a su mínima expresión a causa de conexiones irregulares. O lo creemos o lo averiguamos.

Desde que se manifestó con alarma el desabasto hace por lo menos 30 años, ninguna autoridad ha asumido su responsabilidad. Todos han eludido el problema con una insolencia asombrosa (“después de mí, el diluvio…”).

Con un expediente lo más completo posible, la propuesta para el rescate del río Cazones puede ser entregada al presidente de la república, en la próxima entrevista que sostenga el presidente municipal de Poza Rica. Enarbolar esta iniciativa será de mucho provecho.

Mientras, en el corto plazo, iniciar el dragado del río, continuar el muro de contención, esforzarse en la reforestación de las riberas y suspender la extracción de grava.

El río Cazones está herido de muerte, es un lecho de peces sin escamas, una fuente de vida dilapidada con imprudencia, irresponsablemente.

Resumiendo: El agua se contamina, el río se niega, la población se ofusca, y los gobiernos federales han atendido asuntos de poca monta. No nos vaya a pasar lo que a Juan Comodoro según la trova de Facundo Cabral ”…buscando agua encontró petróleo… pero se murió de sed”.

Por Leonardo Zaleta.

Cronista de la ciudad.

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MERECIDO RECONOCIMIENTO

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Xalapa, Ver.- (Vanguardia de Veracruz).- Tengo veinte años trabajando en el palacio de gobierno y nunca vi, ni supe que un gobernador en su mandato le haya dado un mantenimiento formal y adecuado.

Siempre que se acercaban las fiestas Patrias el Palacio se pintaba con los colores que a cada gobernante se le ocurría y me atrevo a decir, salvo que alguien me desmienta, que esta es la primeva vez en toda su historia que se le da mantenimiento preventivo, correctivo y predictivo, es decir integral en todas sus formas y aspectos hasta en sus mínimos detalles.

Y hago este comentario porque me resisto a pertenecer a aquellos “Que son muy buenos para ver lo malo, pero muy malos para ver lo bueno”.

La gobernadora de Veracruz como todos los seres humanos puede tener errores, pero también aciertos y muy atinados, y no pretendo hacer ninguna defensa, ella no necesita defensa, sencillamente trato de darle el lugar que en algunas cosas a pulso se ha ganado.

Efectivamente, hay unas áreas en palacio de gobierno que durante muchos años se encontraron en total abandono y una de ellas es la Sala Carranza, en situación similar se encuentra el área de Recursos Humanos y oficinas adjuntas, donde las grietas, el polvo y la ruptura de lámparas son el pan de cada día; ¿Hay que esperar?, esperar que el techo se derrumbe y se presente una tragedia?… o será que se pueda tapar el pozo antes de que el niño se ahogue?

A veces nuestras tendencias políticas o maneras de pensar nos hacen expresar juicios con mucha crudeza, pero… ¿Qué sucedería si esas voces que censuran con Tanta enjundia, tuvieran un familiar cercano laborando en palacio y llegare a pasar una desgracia por la falta de mantenimiento, como Dios no lo quiera pudiera suceder?

La gobernadora, amén de la remodelación y mantenimiento de varios edificios, ha impulsado proyectos prioritarios en infraestructura vial, educativa, administrativa y edificios públicos entre otros; y por estas razones comparto la justa y merecida iniciativa de mis compañeros, para que uno de estos espacios rehabilitados lleve el nombre de nuestra gobernadora; el nombre de quien con estas medidas preventivas tal vez esté evitando una desgracia; Que lleve el nombre de quien se esmera por darle brillantez al edificio público más importante del estado, el mismo que durante muchas décadas, se halló en el descuido, en la dejadez y el abandono.

Rafael Martínez Zaleta

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Ordenar para invertir: Rocío Nahle

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Ordenar para invertir: Rocío Nahle

En la administración pública, pocas decisiones son tan visibles como la compra de activos, pero pocas son tan determinantes como la depuración de lo que ya no sirve.

No es minúsculo el reto que se ha planteado la gobernadora Rocío Nahle García, porque no es solo una política de ajuste, sino en sostenerla en el tiempo.

El proyecto lo tiene claro: ordenar el presente es, en el fondo, una forma de financiar el futuro.

“Llegamos a ordenar” y “orden, orden, orden”, han sido las frases más enunciadas de la primera mujer gobernadora.

Y en #Veracruz, ambas rutas están ocurriendo al mismo tiempo y revelan una lógica de gobierno que va más allá de la simple adquisición: una reestructura basada en eficiencia y disciplina financiera.

Por ello, mientras Rocío Nahle incorpora helicópteros, ambulancias, pipas y equipo especializado para atender emergencias, seguridad y servicios públicos, también reconoce un problema estructural acumulado durante años: miles de vehículos inservibles, abandonados o convertidos en chatarra que, lejos de representar patrimonio, generan gasto constante.

La normativa obliga a mantener aseguradas estas unidades y cubrir obligaciones fiscales como la tenencia, aun cuando no estén en operación. Es decir, el gobierno paga por activos que no sirven.

Y es ahí donde la disciplina financiera deja de ser discurso y se convierte en acción: identificar el problema, cuantificarlo y tomar decisiones para eliminar esa carga.

La ruta elegida —dar de baja estos bienes con autorización del Congreso y llevarlos a subasta— no sólo limpia inventarios, también libera recursos. Es una medida que, en términos administrativos, implica pasar de un modelo de acumulación pasiva a uno de gestión activa del patrimonio público.

Hoy en #Veracruz se puede observar una lógica, que gobernar también es ordenar lo que nadie quiso atender.

 

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El rescate que incomoda: deuda, poder y memoria corta

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El rescate que incomoda: deuda, poder y memoria corta

Astrolabio Político

Por: Luis Ramírez Baqueiro

Quien nada arriesga, nada tiene derecho a esperar”. – Friedrich von Schiller.

En #Veracruz, la historia financiera reciente no se explica sin un capítulo que todavía duele: la bursatilización de las participaciones federales municipales. Un mecanismo vendido como solución inmediata, pero que terminó convirtiéndose en una camisa de fuerza para 199 ayuntamientos. Hoy, ese pasado regresa al centro del debate, no por nostalgia, sino por la decisión de la gobernadora Rocío Nahle García de desmontar —de una vez por todas— uno de los engranajes más perversos de la ingeniería financiera estatal.

Conviene recordar el origen. Bajo el gobierno de Fidel Herrera Beltrán y operado con precisión quirúrgica durante la administración de Javier Duarte de Ochoa, el esquema de bursatilización ofreció a los municipios liquidez inmediata a cambio de comprometer ingresos futuros. Era, en términos simples, hipotecar el mañana para sobrevivir el presente. El problema no fue solo el instrumento financiero, sino el contexto: opacidad, tasas elevadas y una cadena de intermediarios que hicieron de la deuda un negocio redondo.

Los resultados están a la vista: ayuntamientos que, en muchos casos, ya pagaron dos veces el valor original del crédito y siguen atrapados en una espiral que limita su capacidad de inversión. Calles sin pavimentar, servicios deficientes y presupuestos atados a decisiones tomadas hace más de una década. Esa es la herencia real de la “ingeniería financiera” que hoy algunos pretenden olvidar.

Ahí es donde entra la actual administración estatal. Lo que está en marcha no es una ocurrencia ni un acto de voluntarismo político: es una estrategia integral de saneamiento. Desde el inicio de su gestión, Nahle García apostó por una premisa elemental pero poco practicada: no gastar más de lo que se tiene. Bajo ese principio se han implementado medidas que, aunque poco espectaculares, resultan estructurales: depuración de nómina, eliminación de “aviadores”, disciplina presupuestal, revisión de pasivos y renegociación de intereses.

Pero el punto de quiebre está en el siguiente paso: intervenir en el esquema de bursatilización municipal. La propuesta —tan técnica como políticamente disruptiva— consiste en que el gobierno estatal adquiera la deuda que hoy está en manos de tenedores privados, para reestructurarla bajo condiciones más favorables y liberar a los municipios de esa carga asfixiante.

No es menor. Significa arrebatarle a los mercados financieros un negocio de largo plazo y devolver margen de maniobra a los ayuntamientos. Significa, también, que el Estado asuma un rol activo donde antes predominaba la lógica de la intermediación privada.

La reacción de la oposición era previsible. PAN y PRI cuestionan costos, sospechan intenciones y lanzan preguntas que, en el fondo, evitan una más incómoda: ¿quién creó el problema? Porque el debate no puede aislarse del origen. Fueron justamente esos grupos políticos los que, en su momento, avalaron o diseñaron los mecanismos que hoy mantienen atados a los municipios.

El argumento de que “le costará caro al Estado” merece matices. ¿Más caro que seguir transfiriendo recursos durante años a esquemas financieros que ya se han cobrado varias veces? ¿Más oneroso que perpetuar la dependencia de los municipios frente a contratos que no controlan? El costo real no está solo en pesos, sino en oportunidades perdidas.

Por supuesto, no hay soluciones mágicas. El rescate implica riesgos, exige transparencia y demanda una ejecución impecable. Pero también abre una posibilidad inédita: que los municipios recuperen capacidad de inversión, que el dinero público deje de alimentar inercias financieras y que la deuda deje de ser un instrumento de control político y económico.

Lo que realmente está en juego no es solo un esquema financiero, sino una forma de entender el poder. Durante años, la deuda fue utilizada como palanca de sometimiento: quien controla el flujo, controla la decisión. Desmontar ese modelo implica redistribuir poder hacia lo local, hacia los ayuntamientos, hacia la obra pública tangible.

Por eso incomoda. Porque rompe inercias. Porque exhibe excesos pasados. Y porque demuestra que, con orden y voluntad política, incluso los problemas más enraizados pueden enfrentarse.

La pregunta de fondo no es cuánto cuesta rescatar a los municipios. La pregunta es cuánto le ha costado a Veracruz no hacerlo antes.

Al tiempo.

[email protected]

X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

 

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