Columnistas
EL GRUPO DE TEATRO 2001.
Por Leonardo Zaleta.
Cronista de la ciudad.
Para abordar este tema es necesario traer a la memoria al español Rafael Riquelme, radicado en Tuxpan, que comenzó a venir a Poza de Cuero cada ocho días allá por 1930 custodiando un proyector de películas de 35 milímetros, con las que ofrecía funciones de cine por un módico precio en la escuelita de la Congregación, y después en una galera que acondicionó a la vera del paso del trenecito Cobos- Furbero en el kilómetro 52.
Pisaron este escenario Narciso Busquets (padre), el cómico Don Chema, la escultural rumbera María Antonieta Pons, Juan Orol, Evita Muñoz Chachita, Andrés Soler, Juan José Martínez Casados y otros de gran renombre que combinaban el teatro de revista con el de comedia. El público respondía, ya que el teatro es un eficiente medio de expresión audio-visual que enseña, divierte y hace conciencia.
En 1935, un grupo de entusiastas aficionados al canto, la poesía, la música y el teatro, formaron un grupo, que después de la expropiación se llamó Cuadro Artístico de la Sección 30. Lo integraron: Antonio Taber, Marcelino Reyes, Antonio Arjona, Lucía Becerra, Simón Villegas, Rosa María Ostos, Eufrosina Banda, Manolo Avilés, Leonor Martínez, Juanita Cobos, Rufa Alicia Lira, Amalia Mendiola, Rafael Hernández, Zoila Chávez, Pluvio Castro, etc. Ocupaban la Galera (donde hoy está la Plaza Cívica). En 1947 al inaugurarse el Teatro Social ese fue el recinto más apropiado. En 1950 el actor Andrés Soler dirigió la obra “Una limosna por dios”. Se hizo acompañar de la actriz Amanda del Llano. Este inolvidable grupo se desintegró en 1954.
Es obligado traer a la memoria a doña Alma Vaquero y su esposo El Chato Campos, que el 24 de diciembre de 1937 fundaron el “Club Estrella” en Poza de Cuero. En una carpa presentaban obras teatrales, especialmente dramas y comedias. Un actor sobresaliente fue Cesáreo “Chayo” Mancilla.
En 1941 llegó a Poza de Cuero la carpa “Guillermina” (Ortín), y poco después se trasladó al próspero campo petrolero de Poza Rica, donde hizo dos temporadas de Teatro instalándose en la colonia Obrera La estrella era una hermosa alemana que se hacía llamar Leda Stein; en la siguiente temporada (1947), la reemplazó Leonor Pichardini.
En 1959, el Club de Leones bajo la presidencia del Dr. Ernesto Aracén Solana, presentó obras de teatro con compañías de la ciudad de México, como La Verdad Sospechosa, con Elda Peralta.
En la secundaria Salvador Díaz Mirón, el culto maestro de literatura Oscar Bautista formó un grupo teatral. En 1961 dirigió la obra “El Nahual”, con los actores Ornaldo Castellanos, Felipe Madrid, Felipe Ojeda Solís, Rafael Bello Charles y la revelación: Delia Casanova Mendiola. Este grupo, años después lo dirigieron sucesivamente José Ramón Darío Levario y Norma Irene Martínez Cobos.
Entre 1969 y 72 el Club Atenas, dirigido por Juan Miguel Castillo Mancilla, presentaba sus obras en el auditorio de la Cámara de Comercio, en la colonia Manuel Ávila Camacho.
A finales de la década de los 60 el teatro recibió un fuerte impulso; por toda la república aparecieron grupos adictos a la actividad escénica, y en la ciudad de México el teatro experimental se propagó en todos los centros educativos y espacios independientes. Es que el teatro es la fusión de todas las artes (plásticas, visuales y auditivas), que reflejan la vida a través de la tragedia o la comedia.
Poza Rica no fue la excepción. “El grupo de teatro 2001”, como parte de la corriente de vanguardia que estaba en boga, fue fundado en 1969 por el Ing. José Ernesto Galván “El Chato” y su esposa Bety Olivares, dueños de un bagaje de experiencias fascinantes en los foros teatrales tampiqueños.
Fueron acompañados en este proyecto cultural por: Lucy Elourduy, Enrique Landgrave, Juan José Velasco, Carlos Acevedo Cadena, Héctor Romero, Benjamín López Rendón y César Lugo. Elaboraba las escenografías el popular artista del pincel Juan José “Popi” Valladares. Gran parte de los integrantes eran empleados de Petróleos Mexicanos, o tenían antecedentes teatrales desde la etapa estudiantil.
El 6 y 7 de noviembre de 1969 en el edificio social de la AMITEEP se montó la obra “Casa de muñeca” de Henry Ibsen dirigida por Rodolfo Amezcua. Actuaron: Bety Galván, Joel Ríos, Luis Carlos Menéndez, José E. Galván, Manolo Gaytán, Gloria Cristina, Lupita Betancourt y el propio Amezcua. Por su temática accesible tuvo una gran aceptación del público.
Amezcua, también dirigió la obra “Las cosas simples” de Melchor Mendoza. Actuaron: Bety Galván, Carlos Taylor, Luis F. González, María Eugenia Rodríguez, Joel Ríos, Laura Cancino, José A. Ibáñez, Fernando Juárez, Graciela Govela, Agueda del Mar, Bety Zamarripa, Cristina Treviño, Gonzalo de Anda y el director.
Otras funciones correspondiente al año de 1970 fueron: “Gedeón”, obra anónima, con Rodolfo Amezcua, Priscila Maldonado, Joel Ríos, Gabriel Patiño, Luzanta de Amezcua y Enrique Landgrave.
La continuidad en los ensayos, el estudio y el esfuerzo hicieron posible el montaje de las obras: “El Escorial” con Luis Carlos Menéndez, Joel Ríos, Rafael Olivares y Rodolfo Amezcua, y “La caja negra” de Alejandro Cantú Leal, en la que actuaron Priscila Maldonado, Joel Ríos y Rodolfo Amezcua, con escenografía de Popi Valladares. (CONTINUARA).
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MERECIDO RECONOCIMIENTO
Xalapa, Ver.- (Vanguardia de Veracruz).- Tengo veinte años trabajando en el palacio de gobierno y nunca vi, ni supe que un gobernador en su mandato le haya dado un mantenimiento formal y adecuado.
Siempre que se acercaban las fiestas Patrias el Palacio se pintaba con los colores que a cada gobernante se le ocurría y me atrevo a decir, salvo que alguien me desmienta, que esta es la primeva vez en toda su historia que se le da mantenimiento preventivo, correctivo y predictivo, es decir integral en todas sus formas y aspectos hasta en sus mínimos detalles.
Y hago este comentario porque me resisto a pertenecer a aquellos “Que son muy buenos para ver lo malo, pero muy malos para ver lo bueno”.
La gobernadora de Veracruz como todos los seres humanos puede tener errores, pero también aciertos y muy atinados, y no pretendo hacer ninguna defensa, ella no necesita defensa, sencillamente trato de darle el lugar que en algunas cosas a pulso se ha ganado.
Efectivamente, hay unas áreas en palacio de gobierno que durante muchos años se encontraron en total abandono y una de ellas es la Sala Carranza, en situación similar se encuentra el área de Recursos Humanos y oficinas adjuntas, donde las grietas, el polvo y la ruptura de lámparas son el pan de cada día; ¿Hay que esperar?, esperar que el techo se derrumbe y se presente una tragedia?… o será que se pueda tapar el pozo antes de que el niño se ahogue?
A veces nuestras tendencias políticas o maneras de pensar nos hacen expresar juicios con mucha crudeza, pero… ¿Qué sucedería si esas voces que censuran con Tanta enjundia, tuvieran un familiar cercano laborando en palacio y llegare a pasar una desgracia por la falta de mantenimiento, como Dios no lo quiera pudiera suceder?
La gobernadora, amén de la remodelación y mantenimiento de varios edificios, ha impulsado proyectos prioritarios en infraestructura vial, educativa, administrativa y edificios públicos entre otros; y por estas razones comparto la justa y merecida iniciativa de mis compañeros, para que uno de estos espacios rehabilitados lleve el nombre de nuestra gobernadora; el nombre de quien con estas medidas preventivas tal vez esté evitando una desgracia; Que lleve el nombre de quien se esmera por darle brillantez al edificio público más importante del estado, el mismo que durante muchas décadas, se halló en el descuido, en la dejadez y el abandono.
Rafael Martínez Zaleta
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Ordenar para invertir: Rocío Nahle
Ordenar para invertir: Rocío Nahle
En la administración pública, pocas decisiones son tan visibles como la compra de activos, pero pocas son tan determinantes como la depuración de lo que ya no sirve.
No es minúsculo el reto que se ha planteado la gobernadora Rocío Nahle García, porque no es solo una política de ajuste, sino en sostenerla en el tiempo.
El proyecto lo tiene claro: ordenar el presente es, en el fondo, una forma de financiar el futuro.
“Llegamos a ordenar” y “orden, orden, orden”, han sido las frases más enunciadas de la primera mujer gobernadora.
Y en #Veracruz, ambas rutas están ocurriendo al mismo tiempo y revelan una lógica de gobierno que va más allá de la simple adquisición: una reestructura basada en eficiencia y disciplina financiera.
Por ello, mientras Rocío Nahle incorpora helicópteros, ambulancias, pipas y equipo especializado para atender emergencias, seguridad y servicios públicos, también reconoce un problema estructural acumulado durante años: miles de vehículos inservibles, abandonados o convertidos en chatarra que, lejos de representar patrimonio, generan gasto constante.
La normativa obliga a mantener aseguradas estas unidades y cubrir obligaciones fiscales como la tenencia, aun cuando no estén en operación. Es decir, el gobierno paga por activos que no sirven.
Y es ahí donde la disciplina financiera deja de ser discurso y se convierte en acción: identificar el problema, cuantificarlo y tomar decisiones para eliminar esa carga.
La ruta elegida —dar de baja estos bienes con autorización del Congreso y llevarlos a subasta— no sólo limpia inventarios, también libera recursos. Es una medida que, en términos administrativos, implica pasar de un modelo de acumulación pasiva a uno de gestión activa del patrimonio público.
Hoy en #Veracruz se puede observar una lógica, que gobernar también es ordenar lo que nadie quiso atender.
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El rescate que incomoda: deuda, poder y memoria corta
El rescate que incomoda: deuda, poder y memoria corta
Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“Quien nada arriesga, nada tiene derecho a esperar”. – Friedrich von Schiller.
En #Veracruz, la historia financiera reciente no se explica sin un capítulo que todavía duele: la bursatilización de las participaciones federales municipales. Un mecanismo vendido como solución inmediata, pero que terminó convirtiéndose en una camisa de fuerza para 199 ayuntamientos. Hoy, ese pasado regresa al centro del debate, no por nostalgia, sino por la decisión de la gobernadora Rocío Nahle García de desmontar —de una vez por todas— uno de los engranajes más perversos de la ingeniería financiera estatal.
Conviene recordar el origen. Bajo el gobierno de Fidel Herrera Beltrán y operado con precisión quirúrgica durante la administración de Javier Duarte de Ochoa, el esquema de bursatilización ofreció a los municipios liquidez inmediata a cambio de comprometer ingresos futuros. Era, en términos simples, hipotecar el mañana para sobrevivir el presente. El problema no fue solo el instrumento financiero, sino el contexto: opacidad, tasas elevadas y una cadena de intermediarios que hicieron de la deuda un negocio redondo.
Los resultados están a la vista: ayuntamientos que, en muchos casos, ya pagaron dos veces el valor original del crédito y siguen atrapados en una espiral que limita su capacidad de inversión. Calles sin pavimentar, servicios deficientes y presupuestos atados a decisiones tomadas hace más de una década. Esa es la herencia real de la “ingeniería financiera” que hoy algunos pretenden olvidar.
Ahí es donde entra la actual administración estatal. Lo que está en marcha no es una ocurrencia ni un acto de voluntarismo político: es una estrategia integral de saneamiento. Desde el inicio de su gestión, Nahle García apostó por una premisa elemental pero poco practicada: no gastar más de lo que se tiene. Bajo ese principio se han implementado medidas que, aunque poco espectaculares, resultan estructurales: depuración de nómina, eliminación de “aviadores”, disciplina presupuestal, revisión de pasivos y renegociación de intereses.
Pero el punto de quiebre está en el siguiente paso: intervenir en el esquema de bursatilización municipal. La propuesta —tan técnica como políticamente disruptiva— consiste en que el gobierno estatal adquiera la deuda que hoy está en manos de tenedores privados, para reestructurarla bajo condiciones más favorables y liberar a los municipios de esa carga asfixiante.
No es menor. Significa arrebatarle a los mercados financieros un negocio de largo plazo y devolver margen de maniobra a los ayuntamientos. Significa, también, que el Estado asuma un rol activo donde antes predominaba la lógica de la intermediación privada.
La reacción de la oposición era previsible. PAN y PRI cuestionan costos, sospechan intenciones y lanzan preguntas que, en el fondo, evitan una más incómoda: ¿quién creó el problema? Porque el debate no puede aislarse del origen. Fueron justamente esos grupos políticos los que, en su momento, avalaron o diseñaron los mecanismos que hoy mantienen atados a los municipios.
El argumento de que “le costará caro al Estado” merece matices. ¿Más caro que seguir transfiriendo recursos durante años a esquemas financieros que ya se han cobrado varias veces? ¿Más oneroso que perpetuar la dependencia de los municipios frente a contratos que no controlan? El costo real no está solo en pesos, sino en oportunidades perdidas.
Por supuesto, no hay soluciones mágicas. El rescate implica riesgos, exige transparencia y demanda una ejecución impecable. Pero también abre una posibilidad inédita: que los municipios recuperen capacidad de inversión, que el dinero público deje de alimentar inercias financieras y que la deuda deje de ser un instrumento de control político y económico.
Lo que realmente está en juego no es solo un esquema financiero, sino una forma de entender el poder. Durante años, la deuda fue utilizada como palanca de sometimiento: quien controla el flujo, controla la decisión. Desmontar ese modelo implica redistribuir poder hacia lo local, hacia los ayuntamientos, hacia la obra pública tangible.
Por eso incomoda. Porque rompe inercias. Porque exhibe excesos pasados. Y porque demuestra que, con orden y voluntad política, incluso los problemas más enraizados pueden enfrentarse.
La pregunta de fondo no es cuánto cuesta rescatar a los municipios. La pregunta es cuánto le ha costado a Veracruz no hacerlo antes.
Al tiempo.
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
Rocío Nahle anuncia plan para liquidar deuda de bursatilización en municipios de Veracruz
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