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DESASTRES NATURALES DE MALA RECORDACIÓN, II. 

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Por Leonardo Zaleta.
Cronista de Poza Rica.

“Una vez que se fue la helada los chamacos comenzaron a jugar con la nieve. Todos vestíamos estrafalariamente, cualquier hilacho sirvió de bufanda. Nos espantamos cuando supimos que el agua se congela a los cero grados centígrados.

“El ciclón Derby arrasó con lo que pudo el 5 de septiembre de 1988. Hay que estar sobre aviso”.
Hasta aquí las notas escritas con bolígrafo en un cuaderno de rayas de pasta azul marino que sólo consigna “T. Benítez”, sin título ni fecha. Quedaron algunas hojas en blanco, como si súbitamente la mano paciente y curiosa hubiera renunciado a una manda. Es un misterio cómo llegó a mí poder. Creo que alguien discretamente lo introdujo en mi bolsa de libros durante algún evento. Las notas se apegan a la realidad y la redacción delata al autor como un viejo profesor o periodista.

No se me había ocurrido compartir este archivo hasta que “Cronistas de Veracruz, A.C.”, a la que pertenezco hace más de veinte años, convocó a una reunión en Tihuatlán con el tema “Desastres naturales en mi municipio”. Después de una búsqueda afanosa durante algunos días, encontré el cuadernillo, le di continuidad. Lo presenté con gran aceptación en el auditorio municipal en septiembre de 2019. Considero haber cumplido un misterioso compromiso que nadie me pidió.

Recordé que el ciclón “Diana” azotó esta zona el 7 de agosto de 1990 y el “Gert” el 20 de septiembre de1993.

Los días 4, 5 y 6 de octubre de 1999 golpeó con lluvias diluviales esta bendita tierra el huracán “Irene”, llamado técnicamente “depresión tropical No. 17”, que en complicidad con el frente frío número 5, provocó la más terrible desgracia que haya padecido Poza Rica y la zona norveracruzana. El cielo ya presagiaba días amargos, descargó lluvia, rayos y muerte, provocando una angustia colectiva.

Para estas fechas, la margen derecha del río Cazones ya presentaba asentamientos en zonas de alto riesgo autorizados por ayuntamientos irresponsables. Las colonias afectadas fueron: La Rueda, Infonavit Las Gaviotas, Lázaro Cárdenas, Independencia, fraccionamiento Hidalgo, México, Benito Juárez, La Florida, Palma Sola, Las Granjas, Morelos, etc. Por el deslave producido desde el cerro del Abuelo se inundaron las colonias Chapultepec, Laredo, Cazones, y otras ubicadas a las márgenes de los arroyos Petromex, Huéleque, Salsipuedes, Del Maíz y Mollejón.
El sol desapareció esos tres días aciagos y la tormenta pertinaz mantuvo a la gente asustada, en tinieblas y cautiverio. Se oían gritos de auxilio pero nadie se arriesgaba a desafiar al cielo.
El golpe de los objetos pesados arrastrados por el agua rompió los escaparates de almacenes como Salinas y Rocha, Chedraui en el fraccionamiento Miguel Hidalgo. Hacía unos días se había inaugurado Soriana en la colonia Palma Sola. Salieron flotando estufas, refrigeradores, televisores, salas, escritorios, ventiladores, estéreos y otros aparatos electrodomésticos. Los intrépidos atraparon lo que pudieron y se lo llevaron como botín. Por todas partes se desató el pillaje.

La carretera a Papantla se cortó a la altura de Cerro Grande por la tierra que se reblandeció y se desprendieron los árboles. Los puentes Cazones I, II y III eran intransitables. El aeropuerto Tajín dejó de prestar servicio. Y cuando se colapsaron las antenas de las estaciones radiodifusoras y los postes del servicio telegráfico y telefónico Poza Rica quedó virtualmente incomunicada. Hubo rasgos de solidaridad extraordinarios.

Las despensas hogareñas, el agua purificada y los refrescos embotellados se agotaron. Algunos comerciantes especuladores vendieron su mercancía más cara aprovechando la necesidad ajena.

Fueron días infaustos con la muerte rondando como ave de rapiña.

El ejército, los cuerpos de socorro y rescate hicieron un trabajo digno de encomio. Al amainar el temporal, el presidente Zedillo pasó a Xalapa a invitar al gobernador Miguel Alemán al recuento de daños que realizó por los municipios devastados. Los apoyos fueron insuficientes y tardíos.

Ya en el nuevo siglo, el año 2005 azotó la costa del Golfo el huracán “Katrina”, y el 13 de agosto el huracán “José”.

Del 13 al 23 de septiembre de 2007 golpeó la región el huracán “Deán”, y sin dar reposo, irrumpió severamente el huracán “Lorenzo” el 25 de ese mes hasta el día 28. Días después un temblor leve produjo un zarandeo colectivo.

En septiembre del año 2010 el huracán “Karl” causó grandes destrozos en la región. Y una fuerte helada nos obligó a invocar el abrigo del rey sol.

En octubre y noviembre de 2013, los huracanes “Manuel” e “Ingrid” flagelaron la zona del Golfo y otros estados. El 17 de enero de 2018 el frente frío No. 23 llegó a los 6 grados centígrados.
El cambio climático debido al calentamiento global y las emanaciones de CO2 alteran el ciclo del agua. El planeta tiene fiebre a causa del saqueo del subsuelo.

El río Cazones agoniza para vergüenza de todos. La indiferencia es colectiva y la irresponsabilidad también. No hay dragado, reforestación, muros de contención para proteger a la población ribereña. La corrupción no puede evitar el saqueo de grava ni la descarga de aguas negras. Durante todo el año da lástima, pero en temporada de ciclones se vuelve una calamidad. Todo ese volumen de agua no puede ser contenido en una presa. Y de un momento a otro se va a cumplir la amenaza de llevar agua del río Tecolutla para aliviar el problema del sobrepoblado Valle de México.

Además, la tala inmoderada provocada por los fraccionadores degrada la biodiversidad. Los huracanes, temblores, inundaciones y pandemias continuarán. Estamos padeciendo amenazas de extinción y no salimos de la indolencia, hacemos como que nos damos cuenta. Nadie hace nada, ni autoridades y pobladores. Tenemos que darle un respiro a la tierra. La raza humana tiene que recurrir forzosamente a la energía solar ecológica y de bajo costo. Corrijamos el rumbo y salvemos el planeta. Nuestros hijos no tienen la culpa de nuestra irresponsabilidad y abulia.

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MERECIDO RECONOCIMIENTO

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Xalapa, Ver.- (Vanguardia de Veracruz).- Tengo veinte años trabajando en el palacio de gobierno y nunca vi, ni supe que un gobernador en su mandato le haya dado un mantenimiento formal y adecuado.

Siempre que se acercaban las fiestas Patrias el Palacio se pintaba con los colores que a cada gobernante se le ocurría y me atrevo a decir, salvo que alguien me desmienta, que esta es la primeva vez en toda su historia que se le da mantenimiento preventivo, correctivo y predictivo, es decir integral en todas sus formas y aspectos hasta en sus mínimos detalles.

Y hago este comentario porque me resisto a pertenecer a aquellos “Que son muy buenos para ver lo malo, pero muy malos para ver lo bueno”.

La gobernadora de Veracruz como todos los seres humanos puede tener errores, pero también aciertos y muy atinados, y no pretendo hacer ninguna defensa, ella no necesita defensa, sencillamente trato de darle el lugar que en algunas cosas a pulso se ha ganado.

Efectivamente, hay unas áreas en palacio de gobierno que durante muchos años se encontraron en total abandono y una de ellas es la Sala Carranza, en situación similar se encuentra el área de Recursos Humanos y oficinas adjuntas, donde las grietas, el polvo y la ruptura de lámparas son el pan de cada día; ¿Hay que esperar?, esperar que el techo se derrumbe y se presente una tragedia?… o será que se pueda tapar el pozo antes de que el niño se ahogue?

A veces nuestras tendencias políticas o maneras de pensar nos hacen expresar juicios con mucha crudeza, pero… ¿Qué sucedería si esas voces que censuran con Tanta enjundia, tuvieran un familiar cercano laborando en palacio y llegare a pasar una desgracia por la falta de mantenimiento, como Dios no lo quiera pudiera suceder?

La gobernadora, amén de la remodelación y mantenimiento de varios edificios, ha impulsado proyectos prioritarios en infraestructura vial, educativa, administrativa y edificios públicos entre otros; y por estas razones comparto la justa y merecida iniciativa de mis compañeros, para que uno de estos espacios rehabilitados lleve el nombre de nuestra gobernadora; el nombre de quien con estas medidas preventivas tal vez esté evitando una desgracia; Que lleve el nombre de quien se esmera por darle brillantez al edificio público más importante del estado, el mismo que durante muchas décadas, se halló en el descuido, en la dejadez y el abandono.

Rafael Martínez Zaleta

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Ordenar para invertir: Rocío Nahle

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Ordenar para invertir: Rocío Nahle

En la administración pública, pocas decisiones son tan visibles como la compra de activos, pero pocas son tan determinantes como la depuración de lo que ya no sirve.

No es minúsculo el reto que se ha planteado la gobernadora Rocío Nahle García, porque no es solo una política de ajuste, sino en sostenerla en el tiempo.

El proyecto lo tiene claro: ordenar el presente es, en el fondo, una forma de financiar el futuro.

“Llegamos a ordenar” y “orden, orden, orden”, han sido las frases más enunciadas de la primera mujer gobernadora.

Y en #Veracruz, ambas rutas están ocurriendo al mismo tiempo y revelan una lógica de gobierno que va más allá de la simple adquisición: una reestructura basada en eficiencia y disciplina financiera.

Por ello, mientras Rocío Nahle incorpora helicópteros, ambulancias, pipas y equipo especializado para atender emergencias, seguridad y servicios públicos, también reconoce un problema estructural acumulado durante años: miles de vehículos inservibles, abandonados o convertidos en chatarra que, lejos de representar patrimonio, generan gasto constante.

La normativa obliga a mantener aseguradas estas unidades y cubrir obligaciones fiscales como la tenencia, aun cuando no estén en operación. Es decir, el gobierno paga por activos que no sirven.

Y es ahí donde la disciplina financiera deja de ser discurso y se convierte en acción: identificar el problema, cuantificarlo y tomar decisiones para eliminar esa carga.

La ruta elegida —dar de baja estos bienes con autorización del Congreso y llevarlos a subasta— no sólo limpia inventarios, también libera recursos. Es una medida que, en términos administrativos, implica pasar de un modelo de acumulación pasiva a uno de gestión activa del patrimonio público.

Hoy en #Veracruz se puede observar una lógica, que gobernar también es ordenar lo que nadie quiso atender.

 

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El rescate que incomoda: deuda, poder y memoria corta

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El rescate que incomoda: deuda, poder y memoria corta

Astrolabio Político

Por: Luis Ramírez Baqueiro

Quien nada arriesga, nada tiene derecho a esperar”. – Friedrich von Schiller.

En #Veracruz, la historia financiera reciente no se explica sin un capítulo que todavía duele: la bursatilización de las participaciones federales municipales. Un mecanismo vendido como solución inmediata, pero que terminó convirtiéndose en una camisa de fuerza para 199 ayuntamientos. Hoy, ese pasado regresa al centro del debate, no por nostalgia, sino por la decisión de la gobernadora Rocío Nahle García de desmontar —de una vez por todas— uno de los engranajes más perversos de la ingeniería financiera estatal.

Conviene recordar el origen. Bajo el gobierno de Fidel Herrera Beltrán y operado con precisión quirúrgica durante la administración de Javier Duarte de Ochoa, el esquema de bursatilización ofreció a los municipios liquidez inmediata a cambio de comprometer ingresos futuros. Era, en términos simples, hipotecar el mañana para sobrevivir el presente. El problema no fue solo el instrumento financiero, sino el contexto: opacidad, tasas elevadas y una cadena de intermediarios que hicieron de la deuda un negocio redondo.

Los resultados están a la vista: ayuntamientos que, en muchos casos, ya pagaron dos veces el valor original del crédito y siguen atrapados en una espiral que limita su capacidad de inversión. Calles sin pavimentar, servicios deficientes y presupuestos atados a decisiones tomadas hace más de una década. Esa es la herencia real de la “ingeniería financiera” que hoy algunos pretenden olvidar.

Ahí es donde entra la actual administración estatal. Lo que está en marcha no es una ocurrencia ni un acto de voluntarismo político: es una estrategia integral de saneamiento. Desde el inicio de su gestión, Nahle García apostó por una premisa elemental pero poco practicada: no gastar más de lo que se tiene. Bajo ese principio se han implementado medidas que, aunque poco espectaculares, resultan estructurales: depuración de nómina, eliminación de “aviadores”, disciplina presupuestal, revisión de pasivos y renegociación de intereses.

Pero el punto de quiebre está en el siguiente paso: intervenir en el esquema de bursatilización municipal. La propuesta —tan técnica como políticamente disruptiva— consiste en que el gobierno estatal adquiera la deuda que hoy está en manos de tenedores privados, para reestructurarla bajo condiciones más favorables y liberar a los municipios de esa carga asfixiante.

No es menor. Significa arrebatarle a los mercados financieros un negocio de largo plazo y devolver margen de maniobra a los ayuntamientos. Significa, también, que el Estado asuma un rol activo donde antes predominaba la lógica de la intermediación privada.

La reacción de la oposición era previsible. PAN y PRI cuestionan costos, sospechan intenciones y lanzan preguntas que, en el fondo, evitan una más incómoda: ¿quién creó el problema? Porque el debate no puede aislarse del origen. Fueron justamente esos grupos políticos los que, en su momento, avalaron o diseñaron los mecanismos que hoy mantienen atados a los municipios.

El argumento de que “le costará caro al Estado” merece matices. ¿Más caro que seguir transfiriendo recursos durante años a esquemas financieros que ya se han cobrado varias veces? ¿Más oneroso que perpetuar la dependencia de los municipios frente a contratos que no controlan? El costo real no está solo en pesos, sino en oportunidades perdidas.

Por supuesto, no hay soluciones mágicas. El rescate implica riesgos, exige transparencia y demanda una ejecución impecable. Pero también abre una posibilidad inédita: que los municipios recuperen capacidad de inversión, que el dinero público deje de alimentar inercias financieras y que la deuda deje de ser un instrumento de control político y económico.

Lo que realmente está en juego no es solo un esquema financiero, sino una forma de entender el poder. Durante años, la deuda fue utilizada como palanca de sometimiento: quien controla el flujo, controla la decisión. Desmontar ese modelo implica redistribuir poder hacia lo local, hacia los ayuntamientos, hacia la obra pública tangible.

Por eso incomoda. Porque rompe inercias. Porque exhibe excesos pasados. Y porque demuestra que, con orden y voluntad política, incluso los problemas más enraizados pueden enfrentarse.

La pregunta de fondo no es cuánto cuesta rescatar a los municipios. La pregunta es cuánto le ha costado a Veracruz no hacerlo antes.

Al tiempo.

[email protected]

X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

 

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